Ya no queda mucho más que los días azules,
más que los recuerdos miopes, más que la noche vacía,
hoy prefiero días viejos, y de esos, pocos,
por el cantar de lo escaso, por el sentir tranquilo.
Que triste ha sido ser entre estas horas crueles,
estas horas viles, y aunque tienen nombre, en estas horas solas;
triste es escoger los segundos pocos y las notas lentas.
Ya sólo queda esperar la hora, esperar mañana,
ya no estoy para esperanzas vanas y sonrisas tibias,
hoy soy dueño de mis letras negras y mis versos tristes.
Aquí, yo y ahora,
Tegucigalpa. 9 de Junio 2011