Estos son unos pocos versos para mi silencio amigo,
desde una noche atrapada, desde un cuarto vacío;
te haz vuelto mi amigo confuso y mi excusa perfecta,
Y en la otra mano vos tan rocío,
vos tan mañana, vos tan paciente,
vos que hoy mordes entre llanto
para estar siempre callada.
¿Quién sos para robarme tanto?
Entre murmullos y clics incoherentes,
para golpearme tan fuerte.
Sos quien que sos y has sido
sos de quien soy y
serás con mi alma.
Tegucigalpa, 4 de abril